El nuevo Balance Preliminar de la CEPAL revela una región que avanza con cautela: economías que resisten, pero que aún buscan el impulso necesario para transformar estabilidad en prosperidad sostenida.

América Latina y el Caribe cerraron 2025 con un crecimiento económico moderado, marcado más por la resiliencia que por la expansión. Así lo expone el más reciente Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe de la CEPAL, un documento clave que retrata con rigor técnico y mirada estratégica el pulso económico de la región en un escenario global incierto.
El crecimiento regional se situó en torno al 2,4%, apenas por encima del año anterior, reflejando un dinamismo limitado por la debilidad de la demanda interna, la inversión contenida y un contexto internacional todavía frágil. Aun así, el desempeño fue heterogéneo: mientras algunos países lograron apoyarse en el consumo privado y en sectores de servicios más dinámicos, otros continuaron enfrentando tensiones externas, menor competitividad y restricciones fiscales.
En el frente internacional, la economía mundial desaceleró ligeramente, con Estados Unidos mostrando un desempeño mejor al esperado frente a otras economías desarrolladas, Europa avanzando con dificultad y China manteniendo una resiliencia cautelosa en medio de desafíos estructurales. Este entorno global, atravesado por tensiones comerciales, altos niveles de deuda y cambios tecnológicos acelerados —especialmente por la expansión de la inteligencia artificial— condicionó las oportunidades de crecimiento para la región.
Uno de los signos más alentadores fue la inflación. Durante 2025, los precios continuaron su trayectoria descendente en América Latina y el Caribe, lo que permitió a varios bancos centrales avanzar hacia políticas monetarias menos restrictivas. Esta moderación inflacionaria alivió parcialmente la presión sobre los hogares y abrió un margen, aunque todavía limitado, para estimular el crédito y la actividad económica.
El mercado laboral, por su parte, siguió recuperándose, aunque a un ritmo más lento. El empleo creció de forma moderada, la desocupación alcanzó mínimos históricos en varios países y los salarios reales mostraron leves incrementos. Sin embargo, la informalidad continúa siendo elevada y las brechas estructurales —especialmente entre hombres y mujeres— siguen representando uno de los grandes retos sociales y económicos de la región.
En materia fiscal, el informe es claro: el espacio de maniobra sigue siendo estrecho. Los altos niveles de deuda pública y el peso creciente del servicio de intereses limitan la capacidad de los gobiernos para desplegar políticas expansivas. La estabilidad macroeconómica se mantiene, pero con equilibrios frágiles que exigen prudencia y coordinación entre las políticas fiscal, monetaria y financiera.
De cara a 2026, las perspectivas no anticipan un cambio radical. La CEPAL proyecta que la región continuará atrapada en una dinámica de bajo crecimiento, con tasas cercanas al 2,3%. El consumo privado seguirá siendo el principal motor, aunque con menor fuerza, mientras que la inversión y la productividad aún no muestran señales claras de repunte.
El gran mensaje del informe es, quizá, más estratégico que coyuntural: América Latina necesita ir más allá de la estabilidad y apostar por una transformación productiva profunda. Innovación, digitalización, diversificación económica, fortalecimiento del empleo formal y reducción de brechas sociales aparecen como tareas ineludibles para convertir el crecimiento moderado en desarrollo sostenible.
En un mundo que cambia con rapidez, la región no está inmóvil, pero tampoco avanza al ritmo que podría. El desafío, como señala la CEPAL, no es solo resistir la incertidumbre global, sino aprovecharla como una oportunidad para redefinir su rumbo económico y social.

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Fuente: CEPAL

















